It's not about the complexity of the shadows, it's all about the simplicity of the message.
(81 easy steps)

Friday, May 29, 2009

Fuentes de error


Cuando alguien compara al ser humano con una máquina nos molesta por dos razones principales. En primer lugar, nuestra concepción de máquina es una de producto humano y, en tanto que tal, una de perfección automática. En segundo lugar, nuestra concepción de seres humanos es una de imperfección, a veces voluntaria. Sabemos que «nadie es perfecto» y que todos cometemos errores. Las fuentes de error en el comportamiento de los seres humanos tienen dos vertientes: los juicios de la sociedad y una capacidad de autocrítica exacerbada. Creo que los seres humanos somos máquinas imperfectas.
Nos equivocamos porque nuestra sociedad nos dice que nos equivocamos (y porque asimilamos esa referencia en nuestra cabeza para no volvernos a equivocar). Las máquinas que no somos nosotros muchas veces son perfectas, pero son nuestros productos y nosotros no somos perfectos, ¿podemos hacer cosas perfectas? Cualquier producto humano es sometido a un proceso implícito de «control de calidad» social (además del control de calidad interno que permite que dicho producto llegue a la instancia en la que la sociedad podrá juzgar su horrible utilidad o, de menos, su inútil belleza) que permitirá hacer alusión a la perfección cuando haga satisfactoriamente eso para lo que fue diseñado. La perfección es un ideal que se vuelve real cuando mucha gente se pone de acuerdo.
Las máquinas son normalmente diseñadas para cumplir propósitos muy específicos; nosotros tenemos muchos, en ocasiones muy generales. Cuando hacemos cosas para satisfacer muchas necesidades resulta fácil equivocarse. Las máquinas no se equivocan y, si lo hacen, debe ser por algún error de quien las crea. Si somos máquinas imperfectas —ya sea que creamos en un creador con voluntad o en un creador automático (como el azar)—, la culpa de nuestra imperfección no puede ser de nuestro creador; la culpa tiene que ser nuestra o de nuestra sociedad.
Somos animales imperiosamente centrados en nosotros mismos. «Sabemos que sabemos», dice nuestra etiqueta filogenética, que nos ubica en la cima. No todo es saber, sin embargo; no todo es estar en la cima; no todo es crear estándares para saber quién se equivoca o para negar rotundamente la posibilidad de creer, de saber, de entender que somos máquinas, en tanto que funcionamos para satisfacer el propósito de vivir.

Wednesday, May 27, 2009

Small talk

Good thing it doesn't hurt when it ends abruptly. Bad thing, its absolute needlessness. Humans are social animals. Social interaction plays an important role in everyday life for most—for those that live within a society, at least. But, why should it matter so much when we all know, after it ends, it didn't matter that much?
It gets smaller, as we talk; we talk, as it gets smaller. It will end, we usually think—and know—, it always ends, but it can surely become heavy while it lasts. It should be light, shouldn't it? You talk about nothing (nothing important, anyway) and it gets smaller and shallower. Something small that grows smaller should also grow lighter, but it doesn't—it grows heavier and harder.
Awkward silence is what happens when two or more people that don't know each other well—or at all—keep their mouths shut in a situation where they should be knowing each other; in a situation where it's too late to choose not to know someone—you say "hi" or throw a smile—starting by the shallower layer (usually the weather). Why is social silence so awkward? Because in society we're talking machines, probably; because society wasn't build upon silence, perhaps; because our culture demands an active role, maybe. Silence can hardly be active. So we talk, we small talk.
Try this, just for fun. When confronted with a small-talk situation, break the rules; talk about the most tragic or private event that has ever happened to you. This should instantly lead to either (a) awkward silence or (b) a true conversation. You already know what to do with (a): talk about the weather. It's my opinion that people should only talk to each other when they have important things to say, though I must admit that most big things in the world start being small (like a tropical rain that grows into a hurricane, talking about the weather).
Discrete things are awkward, so even nature fills in the gaps between discrete things with that we call "emptiness" to form a continuum. No, we can't see the air surrounding the beginning-and-end objects we can see, but sure we know it's there while we breath it. No, we can't speak the silence surrounding the beginning-and-end conversations we have, but sure we know it's there when it gives us time to remember about the week's weather.
It's my opinion that social silence should not be awkward, but it's a … lovely weather, isn't it?

Friday, May 22, 2009

Igualdades y diferencias

Absolutamente todos los seres humanos en el universo tienden a generalizar sus errores e imputárselos a la sociedad en la que viven (bueno, tal vez sólo yo lo haga, pero es culpa de mi sociedad). Para algunos resulta importante observar relaciones entre las cosas que son diferentes; otros, en cambio, prefieren enfocarse en las diferencias de las cosas que se parecen. Unos tienden a encontrar todo demasiado parecido, e ignoran que lo que le da independencia a las cosas son sus diferencias; otros tienden a discriminar demasiado, y olvidan que lo que permite que las cosas coexistan son sus puntos de acuerdo.
Creo que la mejor forma de conocer es identificando igualdades y diferencias, acuerdos en lo ajeno y desacuerdos en lo familiar. Hay cosas que no se repiten, hay otras que sí; hay gente que se repite discriminando y se siente diferente haciéndolo, hay gente que se distingue encontrando lo mucho que se parecen los demás (de los que, qué bueno, forma parte). La naturaleza misma de la información que permite aprender funciona de esta manera; no siempre es grato que nos digan lo que hacemos mal, pero cuando nos lo dicen hacemos las cosas de una manera diferente. Cuando sabemos —nos dicen— que hacemos algo bien, lo repetimos.
Principios generales, abstracciones sintéticas, regularidades, orden. Fines particulares, análisis específicos, accidentes, caos. La verdad, creo, es que el orden de las cosas se interpreta al encontrar que no son siempre iguales; que los accidentes ocurren con frecuencia y que siempre es necesario distinguir los que se parecen.
Hay algunos que lo ven todo tan regular y ordenado que se vuelven inverosímiles; se vuelven regulares, repetidos y, sobre todo, predecibles: cuando su teoría no encaja con la realidad hacen encajar su realidad con la teoría. Hay otros más que lo ven todo tan diferente que se encuentran en la necesidad de dividir la mente en tantos pedazos como eventos ocurran en el universo.
Depende del enfoque, pues. Que las partes que quedan al hacer un análisis volverán a estar juntas. Que la síntesis requiere mucho pegamento conceptual. Los errores se repiten cuando no nos atrevemos a reconocerlos, y entonces es culpa de nuestra sobregeneralizada sociedad. Los aciertos ocurren una sola vez —si ocurren— cuando nadie más que nosotros puede tener razón (o nadie puede tener tanta como nosotros), entonces es sólo nuestra culpa.
La verdad, creo, es que tanto los errores como los aciertos pasan afuera por cosas que hacemos o dejamos de hacer. Nos parecemos tanto que resulta imposible ignorar que somos diferentes.

Sunday, May 17, 2009

Self control

The distinction between temporary and permanent is ideal; temporary things end, permanent things don't.
Assuming time is an infinite convention, whatever measurement chosen to be made from it must be set according to a reference point. Nothing can actually last longer than an infinite convention, so we conventionally use the term "permanent" for those things that last longer than us, and the term "temporary" for those that last less than we would expect them to. It is only when things stop from existing that the distinction gets less ideal and more real; but why should a difference be made between things that don't exist?
Life is a pretty ordered time machine; we, as humans, can't know what will happen in the future until it becomes past through our present living. Decisions are actions placed in the present whose results come about in the future; how long it takes for a decision's outcome to take place is a matter of time, making the decision to wait for such an outcome is a matter of self-control.
Long-termed decisions are usually said to be self-controlled, while short-termed decisions are usually said to be impulsive; but what's usually said usually doesn't say much. How far from the present a long-term outcome is? How far from the future a short-term outcome was? It doesn't really matter when small (temporary) and big (permanent) benefits are considered—it all comes down to global purposes and objectives then.
Let's assume waiting—the thing one does while not doing anything at all—is a behavior, let's assume even further that some of our decisions are purposive; with an ideal distinction between temporary and permanent kept in mind, self-controlled decisions involve an evident preference for permanent results rather than temporary ones. To do "what is best for the future" requires a clear foresight of what is wanted in the first place; such teleological behavior can only be achieved by self-controlled people. To do "what is best for the moment" requires no foresight whatsoever and a great deal of thoughtless action; such random, hedonistic behavior can be achieved by most.
Self-control requires avoiding immediate pleasure in the quest of pursuing big, permanent goals. Impulsive behavior requires putting off important things in the quest of temporarily avoiding important goals—and the stress produced by failure.
Both self-control and impulsiveness can be seen as continuous as a loop with two different labels. Waiting for a future goal placed too far away is as good as doing lots of random actions to fill the waiting time. Avoiding future goals for the sake of immediate satisfaction, when immediate satisfaction can only be brought about by immediate important outcomes, is as good as planning for a big outcome. The key issue is to set a big goal and fill the waiting time with useful action. When great coincidences make random products useful, randomness can sometimes be teleological.
Even though self control may only be an ideal, it is one of those that can only be sought through action—that's what makes it real.

Monday, May 11, 2009

Sentido Común

¿Alguna vez, lector, te has sentido común? Pesa, sobre todo si también te has sentido especial. Lo realmente difícil es adquirir la capacidad para hacerlo, para reconocerlo y, más importante, para disfrutarlo.
En los días en que mi ego no interfiere con mis actividades cotidianas no sólo me siento común, sé que lo soy. El ego es una bomba de aire para el balón del cerebro; la importancia no está en consolidarlo o en saber usarlo; lo importante es, en realidad, saber cómo dejar de usarlo una vez que se conocen los mecanismos que lo activan.
El sentido común sirve para generar acuerdos entre la gente que no se conoce y para facilitar la comunicación y la interacción entre la que sí se conoce. El sentido especial, por otra parte, sirve principalmente para crear desacuerdos y desavenencias. El orden es repetición; de cosas, de eventos, de palabras, de todo eso que se puede observar, de todo lo que no cambia o que cambia de una forma que no cambia. Lo común es lo que pasa todo el tiempo; lo que, por su repetición, se vuelve ordenado. Lo especial es lo que casi no pasa; lo que, por su desorden, llama la atención. El sentido de cualquier cosa es personal. El sentido es lo que el observador interpreta de las cosas, de los eventos, de las palabras, de los pensamientos —aunque no los observe, aunque sólo los piense—, de todo lo que es capaz de significar. El sentido es una dirección con significado.
El sentido común es una forma estereotipada de reaccionar ante lo que pasa afuera (y, a veces, también adentro); depende de la experiencia que otras personas han tenido ante situaciones similares y de la forma en que, en promedio, han reaccionado o han platicado que reaccionan (cuando se trata de lo que les pasa adentro).
El sentido que no es personal se llama sentido común, si bien es una decisión personal hacer las cosas como los demás. Cuando algo demasiado común deja de ocurrir, llama la atención y adquiere sentido. Cuando algo extraordinario se repite demasiado, deja de ser especial; es entonces cuando pierde el sentido y se vuelve común.

Sunday, May 10, 2009

Abulia

Something usually goes wrong for me on Sundays. It's the absence of feeling what it feels like. An absolute lack-of-brain idea processed by the brain; a thoughtless thought I'm thinking. My mind is wandering somewhere in a place unknown for my body. The space it left is big and deep—I decide to feel its location in my stomach, but I might as well feel it in all the things I decide not to do.
It has nothing to do with ups or downs, with highs or lows; it has to do with some unframed reference point from a different dimension: a dimension where things can't move, no matter how hard they try (a dimension where fuel evaporates with the slightest glimpse).
I know my mind will return, it usually does (though it had never gone neither so far nor for this long). If it returns, will it tell me about the places it visited? I will ask. The new things it found out? I will see. The solutions it got to my old problems? I will try. I know that when my mind returns—that's what I dislike the most—it will fill this empty space that I decide to locate in my bodily stomach through my bodily brain, only to make it feel bigger, emptier the next time it leaves (if it ever returns).
To enjoy the process is like giving permission for it to happen again. Objectives are so short-sighted when they set as a goal to feel while not feeling at all. Memory is so narrow when it comes to remember the bad emotions that lead to the good ones; it is so ample when it comes to remember bad things while feeling bad or good things while feeling good. I just can't remember a thing. I'm willing to decide what decision to make, but I can't.
Ever felt a numb leg because of a bad sleeping position? Think of the way it feels when blood starts irrigating again. I'm still waiting for the tingling to start; I must have awaken before my mind did—or after, maybe. Anyway, I feel numb.

Thursday, May 7, 2009

La vida como actividad recreativa

Las cosas importantes deben tomarse con seriedad. La cuestión es, entonces, distinguir los criterios que definen algo como importante. Creo que la importancia de las cosas depende de interpretaciones individuales. Algunos pueden estar o no de acuerdo con las interpretaciones de alguien en particular; lo importante, me parece, es no darle demasiada importancia. ¿Puede la seriedad ser divertida? A veces, creo; pero sucede que, para la mayoría, la seriedad deja de ser seriedad cuando comienza a divertir.
Tal vez el problema radique en las definiciones. Diversión no es sinónimo de burla ni de risa; de la misma manera, seriedad no es sinónimo de tristeza ni de densidad facial. La seriedad se refiere a dimensionar adecuadamente un asunto en relación con algún estándar de importancia, nada más; al final, medir no es otra cosa que comparar. La diversión se refiere al goce o al disfrute asociado con una actividad. Dimensionar y atribuir importancia a un asunto adecuadamente puede ser una actividad divertida, en el sentido más amplio. Hasta la tristeza más profunda, como actividad (estar muy triste, por ejemplo) se puede aprender a disfrutar cuando se entiende que cualquier experiencia sirve para aprender. El aprendizaje es un cambio perdurable en nuestras reacciones —emocionales, intelectuales y conductuales— producto de nuestra experiencia.
Llamo experiencia a la interacción con uno mismo y, sobre todo, con lo demás. Llamo vida al proceso de aprender y divertirse (con seriedad, siempre) a partir de la experiencia. Puede ser que no siempre nos demos cuenta, pero todo el tiempo, mientras vivimos, aprendemos. La capacidad misma de identificar problemas, de compararlos con algún estándar de importancia y de evadirlos —a veces resolviéndolos—, se aprende. Siempre he creído que la mejor manera de aprender es disfrutando el proceso.
Así, vivir, cuando se tiene la seriedad como para no darle demasiada importancia —aunque en ocasiones la tenga—, puede ser una actividad recreativa.

Wednesday, May 6, 2009

Time for respect

It becomes clear because of them. Whether suddenly or gradually, society—through its members' opinions—determines the value of people's ideas based mostly on time and, sometimes, on congruence.
So if, for instance, a never before seen painter is willing to blow the world with his art, he will have a hard time for his art to be seen or respected, assuming that he doesn't give up before this even happens. Respect is mainly about knowledge, consideration, and, perhaps, admiration; disrespect, most of the time, is only about ignorance.
Respect has its logical and illogical components. Based solely upon authority, respect is chiefly illogical, as authority usually erases reasoning and promotes blind following. Based entirely upon reason, respect is completely logical, as the use of reason permits an informed and thoughtful interpretation about reality. Do we ever challenge logic itself? We don't, it would disrespect reason. Even the most dynamic processes have solid, static bases.
Once finished, human products don't change; interpretations do, all the time. Interpretations are not products, they are dynamic processes. When an interpretation about someone else's product (or about someone else itself) becomes fixed, it turns into a judgment. To judge is to label things as "good" or as "bad," according to individual (and usually fixed) principles and values.
Logical reasoning is hard and resource consuming, while following an authority is easy and economic. Respecting someone's products in any field usually starts off with a social and logical consensus about the value of such products; until the time comes, after a successful consensus, for that someone to be considered an authority in that field, and his/her ideas no longer need to be reasoned by most of the people. Some very few, though, continue with logical respect; if some product of that authority is proven to be wrong, to be incongruous with the authority itself, authority is then judged. Sometimes authority falls and gets disrespected by most.
I will keep working on my ideas, hoping to become, at least for some, a reasonable authority one day; never for you, thoughtful reader: it is to the authority of your reason to which I address this message.

Friday, May 1, 2009

Claustrofilia

Todos los estados psicológicos tienen límites, no hay duda. Todas las polaridades, cuando son flexibles, tienen puntos de contacto. Una fobia, dicen, es un miedo o un temor irracional e incontrolable producido por un objeto o por una situación específica; una filia, dicen, es un amor o una afición —racional, suponemos; controlable, no sabemos— producida por un objeto o por una situación específica. Ambas tienen puntos de contacto.
¿Existe algo opuesto al amor? ¿Es el miedo una oposición a algo? No sé, pero fobia y filia, en el sentido más general, son términos opuestos. No es que sea aficionado, pero me gusta estar encerrado, hasta cierto límite; después me da miedo, pero lo controlo bastante bien.
Experimentemos con la imaginación: Un campo grande, totalmente cubierto por una delgada y prácticamente imperceptible película protectora; estaremos ahí unas horas. Nada mal, ¿verdad? Una casa grande y bien iluminada por el sol, un lugar para pasar un día completo. Suena bien, ¿no? Una habitación amplia y cerrada con una potente lámpara que deja todo a la vista; cinco días completos. Incomoda un poco, ¿cierto? Una caja de dos metros cuadrados iluminada por un insignificante foco amarillo. ¿Es mucho una semana? ¿Y si la caja fuera más chica? ¿Y si fuera más tiempo?
Un límite es una instancia condicional en donde algo deja de existir cuando extendie su existencia más allá de éste. Nada surge de la nada: todo tiene un principio y un final. Llamamos existencia al espacio comprendido entre el principio y el final de las cosas. Todo lo que existe, entonces, tiene un límite. La nada no tiene ninguno —la nada no existe, y cuando llega al límite (de la imaginación, si existe) deja de ser nada para ser algo—. El final de algo siempre será el principio de algo más, y así sucesivamente. (Esto permite suponer que la existencia de las cosas es continua, y que los límites, me imagino, son imaginarios.)
Llamamos certidumbre a las cosas cerradas, a las cosas con límite (las que tienen principio y tienen fin); llamamos incertidumbre a las cosas abiertas, a las cosas sin límite (las que no tienen, en principio, fin). Los lugares cerrados me gustan; no muy cerrados, no mucho tiempo, pero me gustan. Los lugares abiertos me dan miedo; muy abiertos, mucho tiempo, me dan miedo. Me encuentro encerrado en un lugar bastante abierto; no hablo tanto del espacio, hablo más del tiempo.
Todas las polaridades, cuando son flexibles, tienen puntos de contacto. En la continuidad infinita del universo, los límites sirven de agarraderas para la imaginación. Me gusta encerrarme en el tiempo, me limito a pensar.