It's not about the complexity of the shadows, it's all about the simplicity of the message.
(81 easy steps)

Friday, May 1, 2009

Claustrofilia

Todos los estados psicológicos tienen límites, no hay duda. Todas las polaridades, cuando son flexibles, tienen puntos de contacto. Una fobia, dicen, es un miedo o un temor irracional e incontrolable producido por un objeto o por una situación específica; una filia, dicen, es un amor o una afición —racional, suponemos; controlable, no sabemos— producida por un objeto o por una situación específica. Ambas tienen puntos de contacto.
¿Existe algo opuesto al amor? ¿Es el miedo una oposición a algo? No sé, pero fobia y filia, en el sentido más general, son términos opuestos. No es que sea aficionado, pero me gusta estar encerrado, hasta cierto límite; después me da miedo, pero lo controlo bastante bien.
Experimentemos con la imaginación: Un campo grande, totalmente cubierto por una delgada y prácticamente imperceptible película protectora; estaremos ahí unas horas. Nada mal, ¿verdad? Una casa grande y bien iluminada por el sol, un lugar para pasar un día completo. Suena bien, ¿no? Una habitación amplia y cerrada con una potente lámpara que deja todo a la vista; cinco días completos. Incomoda un poco, ¿cierto? Una caja de dos metros cuadrados iluminada por un insignificante foco amarillo. ¿Es mucho una semana? ¿Y si la caja fuera más chica? ¿Y si fuera más tiempo?
Un límite es una instancia condicional en donde algo deja de existir cuando extendie su existencia más allá de éste. Nada surge de la nada: todo tiene un principio y un final. Llamamos existencia al espacio comprendido entre el principio y el final de las cosas. Todo lo que existe, entonces, tiene un límite. La nada no tiene ninguno —la nada no existe, y cuando llega al límite (de la imaginación, si existe) deja de ser nada para ser algo—. El final de algo siempre será el principio de algo más, y así sucesivamente. (Esto permite suponer que la existencia de las cosas es continua, y que los límites, me imagino, son imaginarios.)
Llamamos certidumbre a las cosas cerradas, a las cosas con límite (las que tienen principio y tienen fin); llamamos incertidumbre a las cosas abiertas, a las cosas sin límite (las que no tienen, en principio, fin). Los lugares cerrados me gustan; no muy cerrados, no mucho tiempo, pero me gustan. Los lugares abiertos me dan miedo; muy abiertos, mucho tiempo, me dan miedo. Me encuentro encerrado en un lugar bastante abierto; no hablo tanto del espacio, hablo más del tiempo.
Todas las polaridades, cuando son flexibles, tienen puntos de contacto. En la continuidad infinita del universo, los límites sirven de agarraderas para la imaginación. Me gusta encerrarme en el tiempo, me limito a pensar.

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