It's not about the complexity of the shadows, it's all about the simplicity of the message.
(81 easy steps)

Sunday, September 27, 2009

La construcción de una convención

Hace mucho no supe de qué otra manera describir la textura de la piel de un alienígena: era gris. La idea me dejó inquieto por mucho tiempo, pues me molestaba que a quien le explicara no entendiera cómo era una textura gris. Después quise entender que las texturas, los olores, los sabores, los colores, los sonidos y, en fin, todo aquello que podemos referir al hablar del exterior (hasta un extraterrestre con una piel gris de textura), son convenciones —acuerdos a los que la gente llega para darle orden a la interacción de las ideas en un mundo bastante desorganizado—.
La mejor forma de construir una convención es partiendo de un ejemplo. Leí algo acerca de un experimento imaginario sobre el cerebro. Si a un hablante nativo de alguna lengua particular se le leen versos en una lengua completamente ajena, se activarán en éste ciertas regiones cerebrales específicas relacionadas únicamente con el procesamiento de la información auditiva; pero si se le leen versos con significado y gramaticalmente estructurados en su propia lengua, se le activará mucho más cerebro, por decirlo de una manera poco técnica, incluyendo regiones relacionadas con la memoria, con las imágenes y con el procesamiento de la información semántica y sintáctica.
Mi ejemplo es el siguiente: ¿quién es capaz de interpretar las luces que indican, en una pantalla, qué partes del cerebro están activándose? Sólo quien tenga idea, de entrada, de lo que es un cerebro y de lo que es una computadora, pero eso no será suficiente; será necesario, además, que tenga estudios especializados en neurociencias y que comprenda los principios más básicos de los aparatos y técnicas de tomografía que se estén empleando. Sin esto no existe activación de ninguna región cerebral. El meta-experimento imaginario consistiría en registrar y comparar las observaciones de un neurocientífico experto y de alguien que jamás haya visto una computadora y que no sepa lo que es el cerebro. Desde una postura radical, pues, el cerebro que estudian los neurocientíficos, junto con todas sus neuronas activadas y desactivadas, no es más que un conjunto de acuerdos de los que ninguna persona "inteligente" dudaría.
Pero no todos son tan inteligentes, algunos se atreven a dudar. Una convención se construye, dicen, a partir del lenguaje. Hay mundo sin lenguaje, pero sólo a través del lenguaje el mundo cobra sentido. Podríamos decir que la realidad, completita, es sólo un enorme acuerdo —aunque no todos estén de acuerdo— formado a partir de todo lo que somos capaces de nombrar (un cerebro de textura gris, por ejemplo, como la yema de un huevo hervido, que de ahí vino mi asociación).
Así se construyen las convenciones, así se construye la realidad. Todavía, sin embargo, no logran ponerse de acuerdo para atravesar las paredes. Ante la especulación de que existe un mundo material más allá del lenguaje, siempre queda preguntar, claro, qué realidad existe para quienes no están de acuerdo con las convenciones de lo que no se puede nombrar.

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